Me encontraba atrapada en deudas bancarias, churco y garantías, tomaba los diezmos y ofrendas que mi esposo tenía para entregar a la iglesia para cubrir gastos que no me sacaban de ningún apuro a largo plazo.

Sólo cuando entendí que Dios es el dueño de todo, hubo un rompimiento de esa atadura que me agobiaba, pagué a los acreedores y las garantías que estaban a mi nombre y ahora disfruto mucho de una tranquilidad maravillosa entregando a Dios los diezmos y ofrenda .

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