Cuando el qué dirán es muy importante

Franquicia de Empleo



http://MercadeoGlobal.com – Cuando el ‘qué dirán’ en verdad es importante

A ti, como a mí y como a cualquiera, nos afecta lo que otros dicen de nosotros.

Lo que piensan, lo que sienten.

A algunos más, a otros, menos.

Es una realidad que no podemos evitar, que es inherente a la condición natural del ser humano.

Tampoco la podemos controlar, pero es algo que necesitamos aprender para que no se vuelva un tormento.

Uno de los males que más dolor le causan al hombre en este mundo moderno es esa dependencia del qué dirán.

¡Necesitamos la aprobación de otros para sentirnos bien!, y no está bien.

Nos vestimos con la ropa que le gusta a nuestra pareja para que ella esté a gusto, nos ponemos la corbata que nos regaló mamá para que no se incomode.

En el trabajo, decimos lo políticamente correcto para quedar bien con el grupo, y evitamos los comentarios para no herir susceptibilidades.

Dejamos de usar prendas o artículos que pasaron de moda, así nos gusten, así nos brinden comodidad, para que no nos digan que estamos anticuados.

Y así se nos pasa la vida, pendientes de lo que otros puedan decir.

Sin duda, es una epidemia con graves consecuencias.

¿Sabes cuál es la principal?

Que cuando nos guiamos por el qué dirán dejamos de ser auténticos, dejamos de ser nosotros mismos.

En otras palabras, resignamos nuestra esencia.

Es una actitud muy equivocada que pagamos caro y que se traduce en insatisfacción, en infelicidad, en un vacío interno.

Cuando hablo de este tema, recuerdo a una amiga de Colombia.

Una mujer muy linda en muchos sentidos.

Ella, sin embargo, tenía dificultad para entablar relaciones duraderas y felices.

Era una frustración tras otra, una acumulación de dolor que la atormentaba.

La razón era que ella se entregaba tanto a la otra persona que perdía su esencia.

Actuaba no como era ella, sino como su pareja quería que fuera.

Dejaba de hacer lo que le gustaba, sacrificaba sus gustos y sus pasiones.

Su prioridad era complacer a su pareja.

El problema era cuando ponía fin a la relación: se le venía el mundo abajo.

Por fortuna, encontró a un hombre que la valoró y la aceptó tal y como era, y la hizo muy feliz.

Esa fue la primera vez que la vida me envió un mensaje claro de que no podemos ir por ahí pendientes del qué dirán.

Es una norma de vida, de felicidad en la vida.

Y como toda norma, tiene una excepción: en los negocios, hay una circunstancia en la que necesitamos saber qué piensan los demás de nosotros.

Un momento en que esa opinión es importante.

Como sabes, los emprendedores necesitamos retroalimentarnos permanentemente.

Una de las tareas más importantes de nuestro quehacer es medir el resultado de nuestras acciones y decisiones, de nuestras campañas.

Son paradas intermedias en el camino que nos sirven para ver cómo funciona el sistema que diseñamos, para evaluar las estrategias.

Es algo necesario para detectar eventuales equivocaciones, y corregirlas.

También, para ver en qué acertamos, y replicar estas acciones.

Es una retroalimentación que hacemos tras bambalinas, sin que nuestros clientes se den cuenta.

Por supuesto, la respuesta que los clientes dan a los llamados de acción que les hacemos es el insumo principal.

Hay ocasiones, sin embargo, en las que tenemos que dejar de ser invisibles y requerimos una interacción directa con el mercado.

Son ocasiones en las que el qué dirán del mercado es muy importante para nosotros.

Ocurre cuando queremos saber qué opina el cliente de nosotros, de nuestros productos, de nuestros servicios, de nuestro negocio.

¿Para qué?

Para recopilar una información muy valiosa que nos permita evaluar lo que hacemos.

Para saber qué les gusta, y qué no, de nuestros productos.

Para saber si están satisfechos con el servicio que ofrecemos.

Y, si no, para que digan qué hace falta.

Para saber si la experiencia que les brindamos es satisfactoria, y cómo la podemos mejorarla.

¿Cómo hacerlo?

Hay una fórmula sencilla, pero muy efectiva: preguntarles directamente.

Hacer una pequeña encuesta: que respondan una pregunta en tu web, o les envías un correo, o durante un evento presencial les entregas un papel.

Es importante que sean una o dos preguntas, a lo sumo, para que las respuestas sean muy precisas.

¿Qué preguntarles?

Lo que habitualmente pregunto a mis clientes es “¿Después de las experiencias que has tenido conmigo, estarías dispuesto a recomendarme con tus amigos? ¿Por qué razón?”.

Y les pides que expresen su opinión en la escala del 1 al 10.

Lo ideal es que reúnas una buena cantidad de respuestas, ojalá más de 100, y luego la proceses.

La segunda etapa del proceso es evaluar la información recopilada.

Toma nota de los comentarios más frecuentes, de los más llamativos, especialmente de los negativos.

Esas son opiniones que te permitirán corregir errores que no has identificado.

¡Esos datos son un tesoro para ti!

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